Jardines del Rey
El archipiélago de los Jardines del Rey, frente a la costa de Ciego de Ávila, es el hogar de varios de los cayos más admirados del país. Cayo Coco ofrece playas anchas y protegidas por arrecifes, mientras que su vecino Cayo Guillermo es famoso por Playa Pilar, una lengua de arena finísima con dunas bajas y un mar de un azul intenso.
Estos cayos están unidos a tierra firme por pedraplenes, largas carreteras sobre el mar que atraviesan zonas de manglares y bahías donde es común avistar aves. La arena, de un blanco brillante, y el fondo arenoso hacen que el agua adopte tonalidades luminosas incluso en días nublados.
Villa Clara y Cayo Largo
En el centro-norte, Cayo Santa María y los cayos vecinos de Villa Clara se alcanzan por uno de los pedraplenes más largos del mundo. Sus playas son amplias, de arena clara y aguas serenas, y forman parte de una zona de reserva con vegetación costera bien conservada.
En el sur, Cayo Largo del Sur es quizá el destino con la arena más blanca de todos. Playa Paraíso y Playa Sirena, en su extremo occidental, son bancos de arena casi cegadores bajo el sol, rodeados de aguas poco profundas y templadas. Su aislamiento contribuye a una sensación de calma y a un entorno natural muy limpio.
Consejos para visitarlos
La arena blanca de estos cayos refleja mucha luz, por lo que conviene llevar buena protección solar, gafas y sombrero. Al ser aguas transparentes y poco profundas, son ideales para el baño relajado y para observar peces cerca de la orilla.
La temporada seca de invierno, de noviembre a abril, ofrece el clima más estable para disfrutarlos, con menos lluvia y mar en calma. Durante la temporada de huracanes, entre junio y noviembre, el tiempo puede ser más variable. En cualquier caso, el atractivo principal se mantiene: arenas claras, colores intensos y un entorno insular sereno que define la imagen caribeña de Cuba.
Muchos de estos cayos forman parte de zonas de reserva o de entornos naturales protegidos, por lo que la observación de aves, el manglar y la vegetación costera son parte de la experiencia además del baño. Conviene respetar las dunas y no dejar residuos, ya que son ecosistemas frágiles. Los pedraplenes que conducen a los cayos atraviesan bahías poco profundas donde el agua cambia de color con la luz, y el propio trayecto por carretera sobre el mar es ya una de las estampas más recordadas del viaje.