De Matanzas a los Jardines del Rey
El occidente arranca con la Península de Hicacos, una lengua de tierra angosta donde se asienta Varadero, el arenal turístico más extenso del país. Su longitud permite avanzar largo rato junto a la rompiente sin cambiar de playa, algo poco frecuente en el Caribe.
Hacia el centro-norte se abre el archipiélago de los Jardines del Rey, frente a Ciego de Ávila. Allí Cayo Coco alterna tramos amplios con la delgada y fotogénica Playa Pilar, en el vecino Cayo Guillermo. Más al oeste, los cayos de Villa Clara, encabezados por Cayo Santa María, se enlazan con tierra firme mediante un extenso pedraplén tendido sobre bahías poco profundas.
El oriente, Trinidad y los cayos del sur
En Holguín, ya en el extremo oriental, Guardalavaca, Playa Esmeralda y Playa Pesquero dibujan una sucesión de ensenadas recogidas entre lomas, con el arrecife a corta distancia de la orilla y un color de mar que da nombre a más de una de ellas.
La costa sur reúne dos perfiles opuestos. Playa Ancón, pegada a Trinidad, permite pasar de la arena a una ciudad colonial en cuestión de minutos. Cayo Largo del Sur, por el contrario, es sinónimo de aislamiento: los arenales de Playa Paraíso y Playa Sirena figuran entre los más luminosos del sur cubano. Santa Lucía, en Camagüey, y Rancho Luna, junto a Cienfuegos, terminan de completar el mapa.
Cómo escoger tu arenal
El criterio decisivo suele ser el punto medio entre servicios y soledad. Quien valora comodidad y ambiente encuentra en Varadero la respuesta más directa; quien persigue horizontes despejados se decanta por Cayo Largo o por los cayos del norte; y quien no quiere renunciar a la cultura enlaza Ancón con las plazas de Trinidad.
La geografía también pesa. Matanzas y las Playas del Este quedan al alcance de La Habana, mientras que Holguín se aborda por su propio aeropuerto regional. Un itinerario bien pensado suele unir dos regiones contrastadas para captar las distintas personalidades del litoral en un mismo viaje.
En cuanto al calendario, el tramo que va de noviembre a abril concentra las jornadas más firmes, con menor lluvia; la etapa ciclónica se prolonga de junio a noviembre y conviene seguirla de cerca. Aun así, el agua permanece templada durante casi todo el año, de modo que el baño rara vez queda del todo descartado, incluso fuera de los meses secos.