Las Playas del Este de La Habana
La capital no tiene playa en su malecón, pero a apenas quince o veinticinco kilómetros al este se extienden las llamadas Playas del Este, una sucesión de arenales entre los que destacan Santa María del Mar y Guanabo. Son las playas de referencia de los habaneros y se alcanzan fácilmente en transporte desde la ciudad.
Su cercanía las convierte en una escapada de medio día muy socorrida. Ofrecen arena y baño sin salir del entorno de la capital, aunque su ambiente varía mucho entre semana y fin de semana. En jornadas laborables suelen quedar tranquilas, mientras que los sábados y domingos, y sobre todo en verano, se llenan de familias habaneras que acuden a pasar el día. Esa doble cara forma parte de su identidad: son, ante todo, la playa de la gente de la ciudad más que un enclave pensado para el visitante.
El litoral de otras grandes ciudades
Santiago de Cuba, en el oriente, tiene en Playa Siboney su arenal más próximo, a corta distancia por carretera. Cienfuegos, en la costa sur, cuenta con Rancho Luna cerca de su bahía. Y ciudades como Gibara o Baracoa disponen de playas y calas en su entorno inmediato.
En general, estas playas urbanas son más modestas que los grandes polos turísticos, pero cumplen una función distinta: dar acceso al mar a la vida cotidiana de la ciudad y al visitante que dispone de poco tiempo.
Qué esperar de una playa de ciudad
Las playas urbanas suelen estar más concurridas los fines de semana y en verano, cuando la población local acude en masa. Ese ambiente animado es parte de su encanto, aunque quien busque tranquilidad quizá prefiera otros horarios o destinos más apartados.
Los servicios varían: algunas cuentan con puestos y cierta infraestructura, otras son más básicas. Comparar estas opciones cercanas con los grandes polos como Varadero ayuda a decidir cuándo conformarse con la playa de la ciudad y cuándo merece la pena un desplazamiento mayor. Su gran baza es la logística: se llega en poco tiempo, no exigen pernoctar cerca de la costa y encajan bien en un itinerario centrado en la ciudad. Para quien dispone de una o dos jornadas y no quiere invertirlas en trayectos largos, la playa urbana resuelve el deseo de mar sin renunciar a la visita del núcleo histórico. La contrapartida es que rara vez igualan la arena y las aguas de los cayos, de modo que la elección depende del tiempo disponible y de las expectativas de cada viajero.